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¿Qué son las fobias de impulsión?

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En este artículo, abordaremos las fobias de impulsión o fobias de impulsos, explorando estrategias para trabajar en su manejo y reducir su intensidad, e incluso, lograr que desaparezcan.

Ahora bien, ¿qué implica realmente la fobia de impulsos? El término en sí no proporciona mucha claridad. Podríamos interpretarlo como un simple impulso, pero la realidad es considerablemente más compleja.

La fobia de impulsos o de impulsión es, en esencia, el temor a causar daño a los demás o a uno mismo, con un enfoque particular en el miedo a perder el control y volverse “loco” o “loca”, pudiendo cometer actos irracionales o dañinos. Este miedo no surge de la nada; más bien, se desarrolla y genera a lo largo del tiempo.

¿Cómo se desarrolla esta fobia?

Estas fobias no surgen de forma espontánea, sino que se desarrollan a lo largo del tiempo. Todos tenemos pensamientos intrusivos, pero cuando estos pensamientos adquieren una intensidad y frecuencia mayor, pueden convertirse en obsesivos, provocando una fobia de impulsión. Experimentamos una corriente constante de pensamientos a lo largo del día, una amalgama de pensamientos positivos y negativos. Cuando se trata de pensamientos positivos, generalmente los celebramos por un momento, nos alegramos por pensar que las cosas irán bien, que hemos tenido una agradable conversación con un amigo o que disfrutaremos de unas vacaciones. A menudo, no les damos demasiada importancia.

Sin embargo, cuando nos enfrentamos a pensamientos negativos, aquellos que nos incomodan, tendemos a darles una atención desproporcionada. En este sentido, surgen los llamados “pensamientos intrusivos”, aquellos pensamientos recurrentes que nos acosan persistentemente y con gran intensidad. Estos pensamientos recurrentes suelen causar malestar, ya que están vinculados a cosas que preferiríamos evitar o que nos resultan desagradables.

Ejemplos de pensamientos intrusivos:

  • Temor por caerse o hacerse daño, “Si me acerco a un balcón, ¿podría caerme?
  • Miedo a autolesionarse, “Si hay un cuchillo en la mesa, ¿podría hacerme daño?”
  • Dudas sobre la capacidad de amar y cuidar, como “¿Seré capaz de hacer daño a mi bebé?” o “¿Seré capaz de dejar de amar a mi pareja?”

Estos pensamientos generan ansiedad y se identifican como pensamientos intrusivos. La ansiedad y el estrés pueden actuar como catalizadores de estos pensamientos intrusivos, creando un ciclo de retroalimentación negativo que intensifica la fobia.

La manera en que se desarrolla esta fobia es, en realidad, bastante simple. Con simple, no quiero decir que sea sencillo padecer esta fobia, sino el proceso de experimentarla.

Todo el mundo tiene pensamientos intrusivos; la diferencia radica en que para algunas personas son más fuertes, más intensos y terminan provocando pensamientos obsesivos. Es decir, si tengo un pensamiento en el cual podría hacerme daño a mí o a otra persona, si no le doy más importancia, es simplemente un pensamiento intrusivo que se va. Pero si este pensamiento, de repente, me provoca un impacto emocional fuerte y le doy credibilidad, es decir, comienzo a pensar, ¿realmente soy capaz de tirarme delante del metro o delante del autobús o hacer daño a mi bebé?  porque estoy cansada, porque llora mucho, etc.  Cuando empiezo a darle credibilidad a estos pensamientos, surge un conflicto brutal, un conflicto ético y moral. Comienzo a tener dudas si sobre soy capaz de hacerme daño a mí misma o a terceros, estoy dando tanta importancia y credibilidad que, estos pensamientos ya no son simplemente intrusivos, sino que se convierten en obsesivos.

Estos pensamientos acaban atormentando a la persona, a quitar el sueño, a quitar las ganas de comer y están todo el día con la persona. Cuando vienen con tanta fuerza e intensidad, es lo que acaba causando la fobia de impulsos. Es cierto que, dependiendo del especialista o de la literatura especializada que consultemos, a veces se llama simplemente obsesión o incluso algunos profesionales la incluyen en la categoría del trastorno obsesivo-compulsivo.

¿Cómo tratar esta fobia si eres un psicólogo especialista?

Lo importante no es la etiqueta, sino concentrarnos en el sufrimiento del paciente y en cómo podemos ayudarle, cómo podemos aliviar este sufrimiento y mejorar su calidad de vida.

Porque, repito, el miedo a hacer daño a los demás, a hacerse daño a uno mismo y el conflicto ético y moral que puede surgir debido a estos pensamientos son horribles.

A partir de este momento, debemos explicar al paciente/cliente, (o si eres tú persona que sufre de este tipo de fobias), cómo puedes empezar a trabajar sobre ello o cómo puedes buscar ayuda.

Hasta ahora, hemos visto de manera esquemática cómo se generan los pensamientos intrusivos. Estos provocan un impacto emocional fuerte, generan pensamientos obsesivos y con este miedo y conflicto, terminan causando la fobia de impulsos. Este miedo tan grande debemos empezar a trabajarlo.

Estrategias de manejo y tratamiento para el paciente:

1.Identificación de factores desencadenantes:

Es crucial identificar situaciones que causan ansiedad y estrés, como la falta de sueño o el estrés laboral. Lo primero que debemos identificar son los factores que causan ansiedad o estrés en nuestra vida. Lógicamente, si hablamos de una madre recién llegada con un bebé, no estamos hablando de una madre con hijos de quince o veinte años. Podemos observar que quizás no duerme bien, se encarga sola de la crianza o tiene demasiado estrés por el trabajo, etc. Identificar esta situación que causa ansiedad es crucial y trabajar sobre ella. Pero esto no es lo único que provoca este tipo de fobias.

2. Romper el ciclo de ansiedad:

Se debe abordar tanto la ansiedad como los pensamientos intrusivos, ya que están interconectados. Con frecuencia, la ansiedad que experimentamos y los pensamientos recurrentes están interconectados en un círculo que se retroalimentar. La ansiedad desencadena este tipo de pensamientos, pero estos pensamientos y la fobia en sí generan más ansiedad. Estamos atrapados en un ciclo constante, por lo tanto, no es suficiente abordar únicamente la ansiedad.

3. Tratamiento de traumas:

La terapia puede ser una herramienta valiosa para abordar experiencias traumáticas pasadas. En mi experiencia en la consulta con personas que sufren este tipo de fobias, he observado que también están vinculadas a eventos traumáticos.

Estos eventos traumáticos pueden haber ocurrido años atrás o incluso hace unos meses. Los traumas pueden ser de dos tipos: algunos menos significativos o que no han tenido un impacto emocional tan fuerte, y otros más grandes. Es crucial comprender que no siempre se requiere un trauma extremo, como abuso o maltrato, para experimentar ansiedad o fobias en el presente. Puede haber momentos y situaciones diversos que hayan provocado traumas más pequeños. La gestión de estos mini traumas, combinada con otros factores, puede contribuir a los pensamientos y, por ende, a la fobia en la actualidad.

4. Fomento de la flexibilidad mental:

Es esencial promover la creatividad y la flexibilidad mental para combatir la rigidez que puede contribuir a la fobia.

Existe un tercer elemento importante que debemos considerar, el tercer factor que predispone a algunas personas a este tipo de fobias, en particular a los pensamientos recurrentes o intrusivos, está relacionado con una organización mental un tanto rígida. Todos podemos tener pensamientos intrusivos, pero no todos desarrollamos fobias específicas, como el miedo a lanzarnos frente al metro o a hacernos o hacer daño con un cuchillo. Un porcentaje de personas presenta una mayor facilidad para experimentar este tipo de pensamientos.

Como mencioné anteriormente, estos factores pueden estar relacionados con la ansiedad, experiencias traumáticas y la mencionada rigidez mental. Es fundamental abordar estos tres factores, así como otros que se puedan identificar en la consulta, para comenzar a trabajar en la curación o reducción del impacto de la fobia de impulsos.

Cuando nos enfrentamos a una organización mental rígida, es esencial fomentar la creatividad y la flexibilidad en la persona. En cuanto al trauma, la terapia se convierte en una herramienta valiosa para abordar este aspecto y, de manera similar, para reducir la ansiedad.

5. Terapias especializadas:

En algunos casos, técnicas como la hipnosis ericksoniana han demostrado ser efectivas. Podemos observar que las fobias de impulsos se generan por diversos factores y, lógicamente, están influenciadas por el contexto, la cultura y el país. En función de esto, debemos determinar si es suficiente simplemente consumir contenido de YouTube, practicar mindfulness o emplear técnicas de relajación, o si el impacto en mi vida es tan significativo que me doy cuenta de que enfrento situaciones de trauma y, por ende, necesito buscar ayuda terapéutica. Recuerda que la salud mental es crucial y, si tu padecimiento es considerable debido a esta fobia, busca la asesoría de un terapeuta que pueda analizar tu caso de manera individual y proporcionarte apoyo.

En cuanto a la hipnosis ericksoniana, hemos abordado ampliamente este tipo de fobias en la consulta, y de hecho en pocas sesiones hemos logrado resultados notables.   Esto no implica que todos puedan superar esta fobia en pocas sesiones; cada caso debe ser evaluado de manera individual.

Las fobias de impulsión son complejas y multifacéticas, influenciadas por el contexto individual de cada persona. El reconocimiento de su naturaleza y la búsqueda de ayuda adecuada son pasos cruciales hacia la superación de esta fobia y la mejora de la calidad de vida. Gracias a la ayuda profesional, si la fobia tiene un impacto significativo en la vida diaria, es importante buscar la asesoría de un terapeuta.

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